Agosto 12 in VN-Rep. Dom. by ffelizacosta

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El Roedor

Quien lo dijo se quedó corto. ¡No hay mejor amigo que un libro! No te molesta, ni habla mal de ti, ni te enamora la novia, ni te pide prestado, ni te invita a beber romo; te enseña gratis y hay algunos que jamás, mientras dure el paraíso de la memoria, se olvidan. ¡Qué vivan los santos libros! 1969, Segundo del Bachillerato. Un año antes se había edificado el liceo San José y Virgen del Carmen, porque la hermana sor Francisca García, con parte de la herencia de su padre, tuvo un sueño en que le dijeron que fundara un liceo en un pueblo pobre. Eligió a Vicente Noble y hasta el día de hoy las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, regentean el Liceo y la Intermedia. El Estado paga los maestros.

Ha sido una forma infalible para todo el que quiso estudiar. De ahí todo el mundo salió con su base, sobre todo les gusta leer. Por eso en 1969, me cayó en las manos aquel libro cuya lectura me produjo tal emoción que todavía me emociono cuando recuerdo algunos de sus pasajes: “Un día en la vida de Iván de Nisovich”, una novela de Alexander Solzhenitsin.

El personaje se llamaba también “Pablo Sukov”. Claro, que sor Rosario Sastre-Merinero, que tenía un hermano filósofo en Islas Canarias que era director de un Liceo, entresacaba de las donaciones a Schopenhauer, Sartre, Camus, Marx, Engels, Rosa, Heráclito, Demócrito, Luxemburgo, Nietzsche y “toda lectura que pudiera torcer la formación de la muchachada”. En esa labor de cancerbero le auxiliaba la hoy doctora y residente en Puerto Rico, Nelsa Ondina Rodríguez Céspedes.

Pese a que Nikita Kruschev había denunciado a Stalin en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética y que hasta Pablo Neruda lo había reconocido, pese a aquel soberbio poema “Stalin, Capitán!, todavía hermoso; pese al problema entre el comunismo chino y el soviético, pese a la admiración de todos por Fidel y la Revolución Cubana, aquel libro de Solzhenitsin (“Un día en la vida de Iván de Nisovich”), me gustó tanto, que lo volví a leer. Iván había sido enviado a la Siberia y la novela narraba un solo día en aquella vida, lo que el novelista logró a la perfección. ¡Cuántas cosas, Dios mío, le pueden pasar a un ser humano en un día! Aterido, rogando que le dieran un sorbito de tabaco de una colilla, obligado a trabajar más allá de sus fuerzas con temperaturas que descendían a los 408 bajo cero; remembrando sus ilusiones, sus ideales revolucionarios, Iván o Pablo Sukov, lo único que no entendía era cómo él, que lo había dado todo por la causa, había podido ir a dar con sus huesos a ese campo de concentración que, quizás, si había uno que no sabía que existía, era el dueño del Kremlin: Stalin. Después leería otros libros de Solzhenitsin, ya cuando era famoso, vivía en Occidente y recibió el Premio Nobel de Literatura, pero no era lo mismo que aquel libro que encontré en la biblioteca del liceo de Vicente Noble y que me demostró para siempre que era un formidable escritor: “Un día en la vida de Iván de Nisovich”. ¡Loor eterno al Nobel Solzhenitsin!

2.-POR UN ERROR  material, en mi anterior entrega salió que don Lalo Almonte Rubiera y el doctor Víctor Livio Cedeño eran “los dos periodistas más intolerantes del mundo, aunque nadie lo reconozca hoy”. Es al revés: no hay dos seres más tolerantes que Eulalio Almonte Rubiera y Víctor Livio Cedeño, el primero, el hombre más manso y receptivo, y el segundo, que estudió en Francia, uno de los cuadros mejor formados que el PRD nunca supo utilizar. Un trabajador e investigador infatigable que ha escrito varios libros de valor incalculable de los que nadie habla porque en este país sólo se funciona a nivel de cenáculos de autobombo. Si el PRD hubiese usado, desde el principio, los servicios de Víctor Livio Cedeño y sus conocimientos, quizás el PRD no hubiese mordido tantas veces el polvo de la derrota. Pero, lamentablemente, no fue así, para mal del PRD, porque Víctor Livio no sólo es un ser humano inmensamente tolerante y acogedor, sino que es todo un científico social. Y Lalo es todo un caballero, que sabiendo mi posición política, me enviaba al correo todas las actividades de campaña del MVP. Ellos, y el puertoplateño Sergio Cueto, que fungía como jefe de Redacción de Lalo, formaban un trío que pudo haber sostenido el desaparecido “El Sol” en pie si sólo Jorge Blanco les hubiese dado el apoyo publicitario necesario. Pero no quiero entrar en ese intríngulis. Ahora, sí puedo testificar que conservo varios libros del doctor  Cedeño (todos saben que no soy alabardero de lo que no sirve) y puedo dar testimonio de que es uno de los intelectuales y ‘cientistas’ sociales más sólidos que tiene el país. Lamentablemente, no anda haciéndose propaganda, ni buscando cámaras, al igual que mi amigo Leonte Brea.

El PRD y casi la totalidad de los partidos del país (con excepción de Balaguer) desprecian y no valoran el talento, y por eso a estos dos valiosos intelectuales los buscan, a veces, para “consultarlos”, pero la cúpula, formada por cabezas de algodón, no le da puestos estratégicos de responsabilidad. El día que lo hagan, se darán cuenta que son mejores que los famosos tecniquillos que traen del extranjero cada cuatro años. Saludos y salud a mis amigos Lalo, Leonte y Víctor Livio, tres dignos ejemplares del intelecto dominicano que la mezquindad perredeísta jamás ha sabido reconocer en su verdadera dimensión.

3.- SOMOS UNOS CUANTOS que venimos llamando la atención sobre el problema de la democracia en nuestro país. Los demócratas no tienen por qué temerle a la democracia, así como el mar no tiene que temerle a las aguas que les llegan de los ríos. Los que sí tienen que temerle a la democracia, son los farsantes, los fariseos, los “demócratas de hojalata”, que viven prostituyéndola con sus mancuernas, negocios y amarres. Somos partidarios de la tesis de Oscar Arias: “Los problemas de la democracia, sólo se resuelven con más democracia”. Ahora bien: la democracia no es anarquía, caos, medalaganarismo. Aquí hay un paquete de ONG extranjeras que nos quieren imponer una concepción laxa de la democracia, que es un traje que nos queda mal puesto.

Si queremos comprobar el estado de nuestra democracia (o mejor decir, el desorden en que vivimos), sólo tenemos que pisar en algunas gobernaciones provinciales o ayuntamientos. Allí no existe la disciplina que haga posible que crezca la democracia sana. Allí lo que impera es el ‘chernaje’, la indisciplina y desorden. Aquí se gastan millones de dólares de la ayuda internacional en seminarios y cursos para síndicos y regidores que siguen en sus trece: en el desorden. Así no puede ser. Lo mismo pasa en los hospitales. Waldo Suero, ni el Foro, han sacado votos que justifiquen un desorden el 16 de agosto. No tienen legitimación para ello. Presidente Fernández: eso no es democracia. No espere que las cosas se les vayan de la mano. La democracia es la dictadura de la Ley. Se lo advierto.

 

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